Mari enseña,
Mari muestra,
Mari seduce,
Mari mira,
Mari sonríe,
Mari posa.
Y posa con ganas.
Pero un día
se da cuenta
de que como mejor
se ve el mundo
es cara abajo
porque no araña.
Desde entonces,
Mari quita.
Y que le quiten lo bailao.
Mari muestra,
Mari seduce,
Mari mira,
Mari sonríe,
Mari posa.
Y posa con ganas.
Pero un día
se da cuenta
de que como mejor
se ve el mundo
es cara abajo
porque no araña.
Desde entonces,
Mari quita.
Y que le quiten lo bailao.
sus cosas
por toda la casa:
unas pocas joyas
en una caja de madera,
el collar que le regalaron
sus colegas en la jubilación,
unos pendientes buenos,
el anillo con la esmeralda
que heredó de la abuela,
la mantilla que había
llevado a misa
y los pañuelos
con sus iniciales bordadas
encima de los camisones
de encaje.
Todos sus muertos
descansan en paz
rodeados
de parientes y amigos,
en la caja de colacao
gris metálica
donde guarda recordatorios
y fotografías
en blanco y negro.
Los manuales
de los electrodomésticos
y las facturas
se van acumulando
en un cajón de la cocina,
las recetas y notas pequeñas
escritas con letra de maestra
esparcidos por aquí y por allá,
y están también
la cafetera italiana
el jarrón de cristal
y la planta gigante
de hojas verdes
que dura todavía,
las novelas de Ana María Matute,
Carmen Martín Gaite
y Agatha Christie,
la vajilla que compraron
al casarse,
las agujas de punto de hierro,
ovillos viejos de lana,
manteles y servilletas
de punto de cruz...
No se desprende de nada
porque ahí sigue viviendo él,
en el regazo de todos
esos objetos que la acompañan.
porque no cejan.
Parecen como nosotros,
pero chupan sangre.
Los espantas
y vuelven a posarse
en tu cabeza.
Cruzas el océano
por huirlos
y al llegar los encuentras,
esperándote.
Son crueles.
Sin prisas.
Se saben inmortales.
No temen plegarias
ni conjuros.
Nunca faltan
a ninguna fiesta.
Vienen a recordarte
que te esperan,
a ensuciarte la dicha
que disfrutar no saben.
Da igual que nunca
les hayas hecho daño,
vomitan su veneno
en tu solapa.
No les tengas piedad.
Ellos nunca perdonan,
carecen de sentimientos.
Míralos cómo ríen.
Parece que están vivos.
Rene Magritte pintó varias versiones de esta pintura, nueve en total, como era habitual en él. Se presenta aquí la última, de 1962. Todas representan el motivo de una cordillera con la distintiva cabeza de águila y huevos de pájaro en yuxtaposición. La obra exhibe un sereno paisaje montañoso dominado por escarpados picos nevados que se alzan hacia un cielo con luna creciente. Sin embargo, lo que capta la atención es el tratamiento humanizador de uno de los picos, con forma de cabeza de águila, que se integra orgánica y sorprendentemente con el terreno circundante. En primer plano, sobre un muro o barrera de piedra, se encuentra un sencillo nido de pájaro sin adornos que contiene dos huevos esféricos y blancos. La yuxtaposición de la colosal montaña animada y el diminuto nido, lleno de vida, introduce un diálogo de escala y una personificación surrealista de la naturaleza, característico de las narrativas artísticas oníricas y sugerentes de Magritte. Esta obra puede interpretarse como una exploración de los temas de la protección, la creación y la trascendencia de la naturaleza, evocando una sensación de misterio y contemplación.
aquí estamos
reuniendo los ritmos:
el eco resonante,
la sucesión
de las sombras,
el crujir de las ilusiones.
Volteamos la bola
de cristal, y nos vemos
tratando de empujar
un barco de papel
hacia su idea,
pero la tormenta
siempre termina
por provocar el naufragio.
Al final,
apagamos el lugar,
apagamos el poema
y si no tenemos
un mínimo de cuidado,
nos apagamos nosotros.
Se ha encaprichado de un blanco nuevo que no debería ser objeto del juego, pero él se inventa sus propias reglas y nadie se las discute.
Impredecible. Humillante, amenaza a los adversarios. Tiene un juguete para desgastar hasta fundirlo. La figurita del misil rojo es la primera en llegar hasta la Gran Isla de Hielo, el resto observa. De fondo, alguna protesta ahogada. Tras ella, otras tantas fichas azules y blancas y un puño que se alza en el aire. La partida no ha terminado.
mi manera viva de suicidio.
Escribir es
mi manera sagrada de rebelión.
Escribir es
mi manera íntima de pornografía.
Escribir es
mi manera profana de martirio.
Escribir es
mi manera vestida de desnudo.
Escribir es
mi manera carnal de armadura.
Escribir es
mi manera ruidosa de silencio.
Escribir es
mi manera cicatriz de la herida.
Si está de acuerdo
estampe su firma abajo.
_______𝑃𝑎𝑐𝑜𝑔𝑜𝑟_____